Qatar, petróleo para comprar el mundo

Dueño del edificio más alto de la Unión Europea, ayudó a Barclays para evitar que fuera nacionalizado, patrocinador del Barça… Qatar será la sede del Mundial de Fútbol en 2022 y el emir espera que, con la organización de este gran evento, se limpie la imagen del país. La tarea es difícil, porque aunque demuestre que es una de las naciones más ricas y que monta un espectáculo interesante a la par que seguro, sigue sin respetar los derechos humanos.

Al presidente del Barça no le han faltado ocasiones para agradecer el patrocinio de más de cien millones de euros que hizo Qatar para las camisetas. Recomendó visitas al país y la guinda del pastel la puso cuando dijo desconocer que el país sufría una dictadura, pero los habitantes eran felices. Aunque no es el único equipo que se ha vendido a países árabes, pues Madrid y Málaga son otros ejemplos.

El petróleo y el gas (tercero en la lista de países con las mayores reservas de gas del mundo) son la base de su economía y están tratando de cambiar la dependencia energética de su economía. De ahí que uno de los pilares de su crecimiento sea la construcción. Se han iniciado muchos macroproyectos que pertenecen a multinacionales de otros países, entre ellas la española OHL.

Ello no ha impedido que Amnistía Internacional haya solicitado al Gobierno que vigile que las compañías que trabajan en Qatar tratan a los empleados como deben. Las obras las llevan a cabo muchas subcontratas de las que nadie asegura que cumplan con unos mínimos de seguridad o salario para los obreros. Los que no tienen la residencia de Qatar viven en condiciones de pobreza y reciben los peores salarios frente a la minoría nacional que son los que ostentan todas las riquezas.

Parece que todos los países quieren tener un pedacito de Qatar. Reino Unido tiene mucho que agradecerle porque más de cien mil personas trabajan (sólo contando 2011 y 2012) en las adquisiciones que el Fondo Soberano árabe ha hecho en los últimos tiempos, como Harrods, un cuarto de la cadena Sainsbury’s y parte del mercado de Candem.

Aunque las reservas de gas les dan todavía para mucho (unos 300 años), las estimaciones que se han hecho sobre el petróleo son de unos cincuenta. Las inversiones y todas las operaciones que el emir está llevando a cabo internacionalmente son para asegurarse el futuro después de que la riqueza energética se acabe. Su pretensión es basar la economía en la educación. Han construido universidades que tienen acuerdos con centros estadounidenses y franceses de prestigio.

A golpe de talonario, con condiciones en las inversiones que los beneficiarios estiman muy ventajosas, ya que no hay presiones en el corto plazo para lograr resultados, intentan por todos los medios que el nombre de Qatar se asocie a riqueza y grandes obras en todos los sentidos. La pelota está en su campo.

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