Déficit público y deuda pública en España: qué son y que diferencias hay entre ellas

España, que maneja vertiginosas cifras de déficit desde que se inició la crisis, por encima, incluso del máximo establecido por la Unión Europea, también recurre a los préstamos para financiarse.

Imaginemos una feliz familia española: Papá, Mamá e Hijo. Antes de Nochevieja Papá y Mamá, que son responsables y previsores, se sientan, sacan la calculadora y dibujan una raya vertical en un folio en blanco. Van a planificar el presupuesto de la familia para el año 2014. A la izquierda de la raya escriben los ingresos esperados, que suman 50.000 euros (incluyen los sueldos y la cantidad devuelta por Hacienda correspondiente al curso anterior); a la derecha, los gastos, que se disparan hasta los 55.000 euros (Papá y Mamá se han marcado esa cantidad como techo de gasto, otro concepto de moda), por culpa de que hay que pagar la hipoteca, la luz, el gas, la comida, las clases particulares de inglés de Hijo y una reforma que tienen previsto emprender en su vivienda. Los gastos superan en 5.000 euros a los ingresos, es decir, representan un 10 por ciento de los mismos. O dicho de otro modo: existe un déficit presupuestario del 10 por ciento.

Para poder cuadrar el balance de las cuentas, la familia feliz necesita 5.000 euros. Puede robarlos (mala idea) o conseguirlos si Papá y Mamá solicitan un aumento (“muy mala idea”, según sus jefes). Otras dos opciones son dejar a Hijo sin sus clases particulares de inglés (un recorte) y pedir un préstamo, que es lo habitual. La cantidad que se solicite y que queda pendiente de devolver, con sus correspondiente intereses, constituye la deuda de la familia feliz.

Al igual que la familia feliz, España, que maneja vertiginosas cifras de déficit desde que se inició la crisis, por encima, incluso del máximo establecido por la Unión Europea, también recurre a los préstamos para financiarse. De hecho, ¡a veces pide dinero prestado para devolver otros préstamos!.

El dinero solicitado puede proceder de inversores particulares, de bancos o, incluso, de otros estados, que, a cambio de la confianza puesta en España que es donde invierte su dinero, reciben un papel firmado por el estado español (un título) en el que este se compromete a saldar cuentas en un plazo determinado y bajo un tipo de interés concreto. A este proceso se le llama “emisión de deuda pública”, que, en el año 2012, representó el 84,2% del Producto Interior Bruto.

Así, cuanto más inestable sea la economía española, más le costará al gobierno convencer a los prestamistas para que compren deuda, lo que supondrá un incremento de los tipos de interés. En este sentido, el trabajo de las famosas agencias de rating y la evolución de la prima de riesgo resultan decisivas, pues determinan la confianza de los inversores.

Tanto el déficit público como la deuda pública son dos conceptos importantes de la macroeconomía que ayudan a determinar cual es la capacidad económica de un país y su situación de solvencia.

Relacionados