¿China se reforma?

Si las medidas económicas tomadas en el último Congreso del Partido Comunista, finalmente se ponen en marcha, tal y como han señalado los gobernantes en el documento de la reunión, de seguro habrá cambios en el panorama mundial. Simplemente mirando a la evolución de los ingresos que ha experimentado China desde el año 2000, creciendo anualmente un 8% aproximadamente, ya podemos hacernos una idea de los movimientos que se han producido y que se producirán en la política internacional. Ya sobrepasó a Japón como la segunda mayor potencia a nivel económico y las previsiones cuentan que lo hará también con Estados Unidos en la próxima década.

Una de las decisiones más llamativas es el cambio en la política del hijo único. Podrá aumentar la familia en un descendiente más siempre que alguno de los padres también sea hijo único. No es sólo un importante cambio en lo social, también influirá en lo económico. Que aumente la población significa que se necesitarán más productos para cubrir las necesidades del país. Por tanto, mayor consumo que tendrá que soportar el mercado interno. Así que las empresas de la industria alimentaria y el textil, así como los bancos salen ganando con esta medida e indirectamente, los negocios de otros países que se dediquen a la exportación, también podrán sacar tajada.

Los dirigentes comunistas pretenden darle un menor protagonismo a las exportaciones, que es en lo que se apoya el crecimiento de su economía desde hace décadas y quieren dar un mayor protagonismo al mercado en la economía, pero no se han prodigado en muchos detalles. Lo que costará la energía (combustibles, electricidad…) lo determinará el mercado y crearán un impuesto para el medio ambiente. Eso sí, dejan claro que la propiedad pública seguirá siendo la regla general, aunque uno de los responsables de Fomento ha expresado después que la privada ha sido considerada de la misma forma.
De corte más social e importantes para dar un paso en el respeto de los Derechos Humanos, están la prohibición de los campos para la “reeducación por el trabajo” (un sistema por el que la policía puede detener a una persona y enviarla a la cárcel sin tener oportunidad de ir a un juicio, están llenos de críticos con el gobierno) o reducir los delitos castigados con pena de muerte. Pero también, se pondrá en marcha un Comité de Seguridad estatal, en el que el férreo control del presidente Xi Jinping está asegurado.

Este paquete de medidas provocó, en un primer momento, la desconfianza de los inversores (bajó uno de sus índices más importantes el CSI 300), aunque poco después, las bolsas de Shanghái y Hong Kong subieron gracias a los activos de empresas relacionadas con el consumo y la natalidad.

Este plan tan amplio no dará frutos de una forma generalizada, porque, según los economistas de la región, tiene que haber cambios primero en un sector, para que luego vayan llegando las modificaciones a los demás (en consonancia con la filosofía china de sus gobernantes). Tampoco hay fijado un plazo claro para que las reformas se lleven a cabo, pero sí han puesto el 2020 como fecha límite para que las empresas de carácter público ingresen un tercio de sus ganancias en las cuentas del Estado (en la actualidad, el porcentaje va de la nada a un 15%) para invertirlo en la población. La censura a la información procedente de China no permite ir mucho más allá de la versión oficial. Llevará años averiguar los resultados de estos cambios que han vendido como revolucionarios en lo económico y lo social. Los dirigentes se lo toman con calma.

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